¿Miedo a los hackers en tus cuentas de correo y redes sociales?



Son muchas las personas que a título indidual nos preguntan acerca de la seguridad de sus cuentas personales en Internet, sobre todo respecto al correo electrónico y los perfiles en las redes sociales. La cantidad de información que depositamos en estos entornos, desde el ámbito profesional hasta el personal y sentimental, nos provoca una sensación de vulnerabilidad (y a veces culpabilidad) que nos expone si esa información llega a caer en manos ajenas. Las consultas sobre cómo detectar si nuestra información ha sido hackeada o la periodicidad sobre el cambio de contraseña son las más habituales.

En líneas generales debemos decir para tranquilidad de mucha gente que hackear las cuentas de un particular no es tarea fácil que cualquiera pueda hacer en poco tiempo; también es necesario recordar que los hackers profesionales rara vez centran su atención en particulares concretos, porque el rendimiento económico que pueden sacar de ello es escaso. Su objetivo suelen ser ordenadores y cuentas empresariales o de administraciones públicas donde sí pueden obtener información privilegiada que luego ofrecer al mejor postor o utilizar para cometer otros delitos: robos, extorsión, etc.

Eso no significa que, como usuarios individuales, no pongamos la mayor atención y precaución posible en nuestra presencia online. La mejor metáfora a tener presente en este sentido es que cuando te conectas a tu correo, a un foro o una red social, empiezas un paseo por una avenida abarrotada de gente. Y del mismo modo que en esta situación eres prudente con tus objetos personales, procuras tener tus hijos a la vista o cogidos de la mano, o no conversas demasiado con desconocidos ni le das información sensible sobre ti; de ese mismo modo, tampoco debes hacerlo en tu paseo online. 

 

Como decíamos, es improbable que un ciberdelincuente se fije en nosotros a no ser que le demos motivo para ello, al igual modo que en una avenida abarrotada un carterista nos pondrá en el punto de mira sólo si le dejamos la cartera o el bolso muy a mano. Por ello, os aconsejamos que:

– Cuando hagáis el alta en alguna web, nunca deis más información que la estrictamente necesaria para el uso de la misma. Si  piden cualquier información que consideras innecesaria para su uso (una tarjeta de crédito, una dirección postal muy detallada…) no continúes.

Crea una cuenta de email supletoria y sin información personal (holasoyyo@…) en algún servicio de correo genérico (GMail, Hotmail) para altas en webs en las que no confíes plenamente. Evitarás el envío de spam en tu cuenta principal y cerrarás la puerta a que alguien que pueda tirar del hilo de ese nick del correo para averiguar quién eres.

– Instala un antivirus que incluya un buen servicio de spam y de chequeo de navegación online de páginas fraudulentas y peligrosas. Y, lo que es más importante, tenlo actualizado. Hay antivirus gratuitos de gran eficacia, el precio no es una excusa.

– Aunque es una tentación constante, porque es una de las finalidades de las redes sociales, nunca des información sobre fechas y lugares donde estás o vas a estar en el futuro. Tampoco publiques fotos donde se identifique perfectamente donde te encuentras, ni publiques fotos de tus hijos, sobre todo si en ellas es fácil identificar el lugar donde han sido hechas. Aunque parezca una medida exagerada, lo entenderás si recuerdas el ejemplo de la avenida abarrotada de gente: a nadie se le ocurriría  decir a voces que la semana que viene se va de vacaciones a determinado sitio, en tal hotel, en determinada dirección.

– Todos los sitios lícitos donde la información se trata de modo confidencial utilizan un protocolo de encriptación de datos que garantiza su seguridad. El uso de este protocolo siempre está señalado en el navegador por el pequeño icono de un cerrojo o candado en la parte inferior derecha. Siempre que estés transmitiendo información sensible, p.e., durante una compra online, comprueba que este icono aparece en el navegador.

Hay un dicho sobre que la única casa en la que no se puede robar es la que no tiene puertas ni ventanas, pero es inhabitable. Algo similar pasa con Internet: es una gran herramienta que facilita nuestra vida cotidiana, pero no significa que por ello debamos bajar la guardia con hábitos de seguridad parecidos a los que ya hemos adquirido en otros aspectos de nuestra vida diaria. 


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