La amenaza de la ciberguerra y los límites del ciberespionaje



La amenaza de una guerra informática, una ciberguerra o un ciberataque no es ciencia ficción. El uso de las nuevas tecnología aparece de forma reiterada en muchas películas o incluso en la literatura moderna, y muchos de los elementos que aparecen en estos medios de expresión están extraídos de sucesos reales. De hecho, los ciberdelincuentes tienen cada vez más acceso a tecnologías sofisticadas y todos sabemos que ya se han producido ataques importantes en este sentido.

 

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En una entrevista reciente, James Lyne, responsable de investigación de Sophos, empresa de seguridad informática, aseguraba lo siguiente: «Los delincuentes tienen cada vez más poder en el mundo, tanto digital como físico; los daños económicos son potencialmente mayores, y hay cada vez menos confianza online.» Estas declaraciones ponen los pelos de punta sobre todo al provenir de una persona experta en el mundo de la seguridad informática, ya que evidencia que no hay que bajar la guardia en esta materia. Además, tenemos que tener presente que el mundo de la tecnología es muy cambiante y está en continua evolución.

 

 
Al mismo tiempo, y dentro de este mundo cibernético, no hay que olvidar que el ciberespionaje forma parte de la vida actual y ya nadie se asombra de que estas prácticas son ejecutadas por la mayoría de los gobiernos. La cuestión moral que se deriva de las mismas es determinar hasta qué punto atentan contra la privacidad de las personas, porque ¿y si de este modo se consigue evitar una guerra o impedir un ataque terrorista?

 

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Lyne explica en este sentido algo muy esclarecedor: «Desde los laboratorios de Sophos vemos 150.000 programas de ‘malware’ diferentes cada día, y cerca de 30.000 sitios web infectados también cada día, lo que implica miles y miles de ordenadores comprometidos». El experto asegura que a día de hoy ya no hay diferencia entre ataques de un script kitty (intrusos que utilizan programas de otros para atacar redes y modificar páginas web) y amenazas provenientes de grupos organizados de cibercriminales e incluso gobiernos. «Todos parecen lo mismo. Lo único que pueden diferenciarlo es el objetivo, lo que tratan de conseguir.»
Ahí es dónde estriba el punto que puede diferenciar un ciberataque de otro, la finalidad del mismo. Evidentemente no es lo mismo realizar esta tipo de actos con el objeto de causar daño. que con la intención de evitar una acción criminal. Sin embargo, uno de los problemas que se puede derivar de todo esto se encuentra en dónde o cómo establecer los límites. ¿Hasta qué punto un Gobierno o una institución puede ciberespiar¿ ¿Es válido cualquier tipo de ciberespionaje? ¿Por qué Estados Unidos espió a Angela Merkel, si se supone que son aliados? Esta una de las principales trabas que circula entorno al ciberespionaje y es una de las que más está haciendo dudar de este tipo de actuaciones al margen de su finalidad.


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